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Casa de muñecas

En las obras de Henrik Ibsen, y sobre todo en Casa de Muñecas, el individuo, en este caso la protagonista, queda en oposición a la mayoría, enfrentada a la autoridad opresiva de aquella sociedad enferma de prejuicios. La obra se presta a una multiplicidad de interpretaciones que va desde la alegoría a la crítica feminista para enriquecer su lectura.

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«He sido una muñeca grande en esta casa, como fui una muñeca pequeña en casa de papá. Y a su vez, los niños han sido mis muñecos. Me divertía que jugaran conmigo, y a ellos les divertía verme jugar. Esto es lo que fue nuestro matrimonio». Cuando, en 1879, el noruego Henrik Ibsen puso estas palabras en boca la protagonista de Casa de muñecas, desató una polémica que convirtió la obra en sensación internacional y, además, fundó una nueva escuela de arte dramático mediante la inserción de técnicas inéditas. El espíritu revolucionario imperante en Europa y la emergencia de modernismo influyeron en el dramaturgo que dirigió una mirada crítica a los valores de aquella sociedad enferma de prejuicios. Por este motivo, la obra se presta a una multiplicidad de interpretaciones que va desde la alegoría a la crítica feminista para enriquecer su lectura.
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